La velocidad de tu web importa más de lo que crees (y no es solo cosa de Google)
Un cliente del sector inmobiliario nos pidió ayuda porque, según sus palabras, “la web funciona bien pero no convierte”. La abrimos desde el móvil, con datos, sin wifi, como haría cualquier persona buscando piso desde la calle. Tardó nueve segundos en cargar la primera imagen. Nueve segundos es una eternidad: la mayoría de la gente ya se ha ido a la tercera propiedad de Google antes de que termine de cargar.
El problema casi nunca es el que se ve
Revisamos el origen del problema y no era el hosting, ni el diseño. Eran las fotos de las propiedades, subidas directamente desde la cámara del móvil de la agencia sin comprimir, algunas de más de ocho megas cada una. Multiplica eso por una galería de doce fotos por vivienda y tienes una página que pesa más que muchas aplicaciones móviles.
Es un error muy común porque es invisible desde el ordenador de la oficina, con fibra y buena conexión. El problema solo se nota donde de verdad importa: en el móvil de alguien con datos limitados, que es como la mayoría de la gente busca piso hoy.
Qué hicimos y qué cambió
Comprimimos y redimensionamos todas las imágenes, activamos carga diferida para que solo se descarguen las fotos que el usuario realmente llega a ver, y pasamos de un tiempo de carga de nueve segundos a poco más de dos. No tocamos ni el diseño ni el texto. Solo la velocidad.
En un mes, las visitas que terminaban en una solicitud de información subieron un 40%. La gente no estaba disfrutando de mejor arquitectura de la información ni de mejores textos: estaba, simplemente, esperando menos para verlos.
Cómo comprobarlo en la tuya
Abre tu web desde el móvil con los datos, no con el wifi de casa. Cronometra cuánto tarda en verse algo útil. Si pasan de tres o cuatro segundos, no es una cuestión estética: es dinero que se va cada día sin que lo notes en ninguna métrica, porque esas visitas ni siquiera llegan a registrarse como una conversión fallida. Simplemente, se van.
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